Comanche
Hermann y Greg
Planeta deAgostini. Barcelona, 2008.
250 páginas, 25 euros

 

 

 

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Volver al Oeste

La reedición de la serie Comanche es una estupenda noticia, por varias razones. Primero, porque nos permite disfrutar de quien para mi es todavía el mejor Hermann. Creo que en la etapa inicial de su carrera, tanto en esta colección como en Bernard Prince, otra de mis favoritas, consigue una calidad que luego no recupera. Por supuesto, es un tipo con mucho talento y no digo que lo que hizo después fuera peor. Pero sí que no iguala el empleo de los contrastes de luz de que hace gala en estos años, sus espectaculares perspectivas y la fortaleza peculiar de su entintado. En sus últimas entregas emplea unas acuarelas en las que la solidez de los personajes se esfuma y los protagonistas parecen siempre a punto de desvanecerse. Por supuesto, mantiene muchas de las virtudes que le han dado fama, pero si me dan a elegir, no puedo esconder mi preferencia por su primera etapa.

Comanche constituye una gran muestra de su talento emergente. Todavía algunas de las figuras resultan desproporcionadas, con cabezones sorprendentes en alguien con tanta habilidad. Pero Hermann lima con rapidez sus escasas aristas y nos brinda un despliegue de paisajes maravillosos, gusto por el detalle y abundancia de texturas que insisten en lo real. Su mundo es el mundo sucio, arrugado, gastado del viejo oeste. Sí, sus caras siempre han sido un poco raritas, pero nos da lo mismo. Contemplen esos árboles, disfruten con las dramáticas sombras, admiren sus caballos... Comanche nació con la voluntad de medirse con Blueberry y queda en muy buen lugar.

Sobre todo por una razón. Si Hermann alcanza las alturas de Giraud, o del Jijé de Jerry Spring, otro de los gigantes con quien se medían, Greg supera a Charlier. Por un lado porque este último nunca ha sido ese gran guionista que se nos ha dicho. Pero, sobre todo, porque Greg tenía muchísimo talento. Basta recordar las palabras del maestro Van Hamme en el muy interesante artículo de introducción. Estoy de acuerdo con él cuando lo iguala a ese otro monstruo, Goscinny.

Cuando Greg murió en 1999, recordamos algunas de sus series, aunque gran parte de su labor continua inédita en español. Pero todo lo publicado es bueno, de Aquiles Talón a Luc Orient. Pasando, por supuesto, por sus colaboraciones con Hermann: Bernard Prince y Comanche. Bernard Prince contiene uno de los episodios que incluiría en mi lista de diez tebeos inolvidables, el del incendio.
En cambio, no guardaba una gran impresión de Comanche. En parte porque padece una competencia muy dura. No pienso sólo en Blueberry, también en la citada Jerry Springs, que me veo obligado a “leer” en francés y, sobre todo, en Ken Parker, obra maestra absoluta cuya publicación permanece pendiente desde hace años. Además, Comanche se publicó de forma accidentada y faltaba cierta visión de conjunto.

Por eso ahora, al revisarla en condiciones, la sorpresa ha sido mayúscula. Y muy agradable. ¡Qué gran tebeo! Buenos personajes, excelentes diálogos, acciones con consecuencias, una estructura inteligente, un guión maravilloso en suma. Greg demuestra su talento y Hermann está a la altura. Juntos construyen un espléndido western, donde negros, mujeres e indios conviven y luchan juntos y la voluntad realista enriquece la historia en lugar de limitarla. Como en todos los grandes clásicos, los años nos permiten apreciarla en su justa medida. Y es una obra maestra.

Florentino Flórez

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