Nosotros somos los muertos nº 14
Edita Inrevés. Palma,
2007




 

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¡Siguen muertos!

La revista creada por Max y Pere Joan alcanza su número catorce, manteniendo las constantes que la caracterizan. Cuando los muchachos de la Semana Negra de Gijón les dedicaron una exposición hace tres años, la titularon El arte de la resistencia. Creo que era coherente con el estado de la publicación desde sus inicios.

Según afirman sus promotores, se trata de dar cancha a aquellas propuestas gráficas innovadoras, que difícilmente encuentran un hueco en el mercado. En ese sentido, puede hablarse de cierta labor pedagógica, ya que algunos autores que aparecieron primero en NSLM, han visto luego su obra publicada por editoriales más comerciales. Sin duda los casos más sonados son los de Trondheim y Ware, dos éxitos por anticipación de la revista.

Aunque quizás para los muertos sean más bien fracasos, dada su voluntad transgresora. Uno acaba pensando que el aparatoso nombre de la revista quizás tenga más lógica de la que podemos sospechar de entrada. Los muertos realmente piensan de manera inversa a los vivos. Por eso el triunfo comercial se ve como una derrota, la capacidad de los autores para hacerse comprender, un error de comunicación y expresión, y la voluntad de entretener es el camino hacia el aburrimiento en este reino de dobles opuestos.

Yo no acabo de entenderlo, pero debe ser porque soy corto. Son legión quienes aplauden con entusiasmo esta iniciativa, empezando por los ya mentados camaradas de la Semana Negra y continuando por todo aquel que desea considerarse moderno en este país.
La revista, creo yo, está atrapada en algunas de las paradojas que caracterizan a toda empresa de vanguardia.

La paradoja esencial es de naturaleza económica. Aunque les cueste encontrar lectores, dado lo radical de muchas de las propuestas, no cabe duda de que muchos de los tebeos del mañana se nutrirán de intentos como éste y parecidos. El público precisa siempre nuevos productos. Cuando alguien con talento es capaz de ofrecer algo diferente, acabará encontrando su nicho en el mercado. Todo eso tiene poco que ver con la resistencia, como muchos autores han señalado ya. No hay nada más inherente al capitalismo que la aparición de nuevas ofertas, la innovación. Sólo en las fantasías totalitarias vivimos el paraíso del producto único e inamovible.

Lo realmente raro en el caso de los Muertos, es que surja en un mercado tan miserable como el español. Donde apenas hay espacio para autores más comerciales, levantamos la tienda de lo anticomercial. Tengo la sensación de que nos hemos perdido algo. Pienso más bien que se precisan ofertas que hagan crecer el mercado, antes de producir aquellos tebeos sólo aptos para quien ya esta harto de la misma sopa común. Pero ellos sabrán.

En todo caso, tanto Max como Pere tienen el mérito de mantener su producto sin lloriquear detrás de las subvenciones, arriesgando su tiempo y su dinero. Con lo que su apuesta no puede ser más honrada y respetable.

Ahora bien, no me parece admirable. Creo que la voluntad de ofrecer siempre productos que van más allá, les lleva constantemente a publicar autores de calidad discutible. Curiosamente, yo diría que aciertan más en el terreno de la ilustración que en el de la historieta. Si nos atenemos al último número, lo mejor lo encontramos en las páginas dedicadas a Dave Cooper, con una fantasía gráfica admirable, pero absolutamente aburrido en sus historias, lo de Tatum, que no dejan de ser cuadros, lo de Sonia Pulido, que apenas mancha sus ilustraciones con textos...

En fin, siempre que pillo esta revista me enfrento a las mismas sensaciones contradictorias: como iniciativa me parece saludable, sus historietas tienden a la autocomplacencia y la pesadez, sus editoriales me hacen pensar y sus ilustraciones me sorprenden. Seguiremos apoyando la causa.


Florentino Flórez

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